Antañas vacaciones en la tempestad.
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"Con conocimiento y libertad se hacen
cosas buenas o malas, morales o inmorales"
Jaime Balmes.
Era una hermosa tarde de verano, las aves pasaban por la calle, el sol irradiaba a las personas que solían transcurrir en los cimientos de una ciudad grandiosa, las parejas se paseaban sobre la vereda del amor, los niños cantaban al lado de sus bellas madres, los obesos practicaban gula y de los excesos ni se diga, todos parecían poder disfrutar de lo que amaban, en tales horas, sin condición alguna. Yo había llevado una vida, quizá no de las más duras, empero, con muchas dificultades, esa misma tarde, yacía sentado sobre una banca en medio del gentío, observando todo lo que pasaba a mí alrededor. Como ya he dicho, meditaba lo esplendido que era el ambiente, las personas, los animales, etc. A diferencia de los demás, estaba de lo más taciturno, muy decepcionado, abrumado, confundido, rendido y quizá otras cosas más. Ya no quería seguir llevando la misma vida, me era menester un cambio, sin embargo no sabía cómo efectuarlo, no tenía ni la más mínima idea de donde comenzar; en esos momentos, cuando tales ideas rondaban mi mente, algo se movía dentro de mi bolsillo, o más bien timbraba, este era mi celular, rápidamente lo saque y por como era de saber, alguien me llamaba, así que atendí.
—¡Dimitri! ¡Dimitri! Ven a realizar tu trabajo en la empresa ahora mismo -me decía mi jefe.
—¿Qué haga exactamente qué? Por si no lo sabe, hoy es sábado, y mis jornadas laborales tan solo son de lunes a viernes -le conteste algo molesto.
-Usted trabaja para la empresa y debe acatar cualquier orden que se le ordene -. Tenemos problemas con la mayoría de los documentos que tu mayor, no revisó si quiera bien.
–¿Por qué es mí problema? Él cometió el error, no yo, a parte mi mayor también debe estar al tanto de eso, mas no desaparecer por casi toda la semana, cuando yo si he asistido y trabajado.
–¡No me importa Dimitri! Vienes, revisas toda la documentación, y arreglas todos los errores que existan o te despido -me decía en tono altisonante.
–Demasiado hijo de puta -me decía yo, en lo profundo de la mente -. De acuerdo, en dos horas llego.
–¿Dos horas? Llegas en una, o ya sabrás que sucede con tu puesto.
Al oír sus últimas palabras, termine la llamada bastante triste. No era suficiente con estar en medio de una muchedumbre feliz y yo ser el único melancólico, con un pasado horrendo, del cual me atormentaba la consciencia sino que ahora tenía que ir a trabajar, cuando no lo tenía que hacer, por tener jefes explotadores y para colmo, que mi sueldo, terminara siendo el mismo. Muy abatido y sin esperanza, me fui hacia la empresa, dejando la banca en la cual estuve sentado por más de dos horas y observaba a los demás ser felices; desde lejos varias de esas personas podían decir “ahí va, un pobre diablo, abatido por la vida injusta”. Tome el autobús más feo de todos, pues aunque el dinero que se pagaba para tomarlo era general, no concluía a que los buses en los que subiéramos fueran de la misma calidad que otros, y para mí mala suerte, ese era el peor de todos, nunca había subido a uno tan horrendo. No hace falta aburrir al lector, describiendo como era el ómnibus en el que iba, o que sucedió cuando estaba en él, tan solo puedo decir que como alguna vez me dijo un amigo entregado al arte de filosofía, ahora fallecido por causas de exceso en el sexo, drogas y alcohol que... pero eso mi querido lector, será historia para otra ocasión; como decía él “a veces el bus es el mejor lugar, para pensar filosofía” y era verdad, aquella tarde taciturna, estaba filosofando en ese mismo y de esas reflexiones, fueron las impulsoras de las acciones que realice al día siguiente.
Más tarde, por fin había llegado al lugar, mi trabajo era de lo más aburrido, yo era contador y trabajaba en una empresa de… Tenía 26 años, la mayoría de mis años los había desaprovechado en aquel trabajo, que me consumía día a día, pues como he dicho, aparte de mala paga, era impresionante la explotación. Y aunque hicieras tus mayores esfuerzos, ellos solo deseaban más y más; por mi parte, aparte de todas aquellas dificultades, era un contador de bajo puesto y no de muy buena categoría, pues en mi juventud fue obligado a estudiar dicha carrera, la cual yo repudiaba con toda mi alma, sin embargo, como observara mi querido lector, termine siendo un contador de baja clase. En la empresa teníamos varios jefes, y yo tan solo era auxiliar de uno de los lacayos de uno de los jefes, que ni de tan buen categoría era ¿ven? no era nada. Para colmo, al contador que ayudaba siempre me dejaba hacer todo su trabajo, mientras él se llevaba todos los créditos. Ese atardecer llegue lleno de sudor, pues el viaje había sido terriblemente agotador, cuando entre al cuarto donde debía hacer mi trabajo, lo encontré lleno de papeles, parecía que mi compañero había dejado los documentos, especialmente para que yo los revisara y editara. Fruncí el entrecejo y una cólera entro por mis venas, pues me enfureció tanto que aquel tipo, me dejara todo lo que él tenía que hacer, entonces fui directo hacia una de las sillas, me senté y sin poder evitarlo, ese pilar de mares, que llamamos lágrimas, me broto sin consideración alguna. Había pasado de un estado emocional a otro, extremadamente rápido, pero no era mi culpa, sino de terribles desventuras que me sucedían. De pronto alguien abrió la puerta, este era mi jefe, o sea no refiriéndome a mi compañero, si no a su jefe, que por lógica también era el mío, ese mismo cabrón que me llamo, para que viniera a perder el tiempo, de un hermoso sábado, el señor M…
–¿Qué haces? Tremendo estúpido... ¿Estás llorando? -decía extrañado, el señor M…
–¡No! Como cree, solo estaba descansando un poco, pues fue algo cansado mi viaje para llegar acá -exclame
–Sera mejor que empieces tu trabajo, que no es poco y te dejes de estupideces, como ya te he dicho, si es que no deseas perder tu trabajo, inútil.
–¡Tranquilo! No se moleste patrón, tampoco es para tratarme de tal modo.
–¿Qué dices imbécil? Calla y ponte hacer tu trabajo, de una buena vez.
–Está bien y perdone, señor -con un aire de tristeza y resignación, asentí.
El señor M… salió enfurecido, como si tuviera razones para estarlo, lo cual me provoco aún más estragos. Entonces, sin alternativa alguna, comencé a realizar el trabajo que no era mío, ni el por qué me pagarían ¡el resto de la tarde sería larga! así que iba preparándome para sufrir. Eran las diez de la noche y apenas yo había acabado con toda la documentación que tenía. No había ni siquiera comido, ni tomado algo de agua, me encontraba muy fatigado y vencido por una tristeza inmensa, lento pero aun con algo de fuerza pude salir de aquel sitio e irme a casa, para descansar el resto de la noche y seguir la misma rutina el día siguiente.
Más tarde me encontraba ya en mi vivienda, al parecer más agotado de lo que yo pensé que estaría, yacía en mi cama tratando dormir pero sentía venir una fiebre terrible. Mis pupilas se empezaban a dilatar, mis extremidades temblaban sin control, no sentía escalofríos más bien sentía como cuando uno consume demasiada cafeína, solo que esta vez, era increíble la nerviosidad y el tiemblo, que sentía recorrer por ellas. Todo me daba vueltas, sentía que la locura me venía y se iba, en tan solos unos instantes pero cada vez que regresaba era peor en mi mente, inundándome de terror. De pronto de verdad me volví loco y en un santiamén cogí todas mis cobijas y las lance contra la ventana, una furia se inyecto dentro de mí, que mis ojos se enrojecieron y golpee todo lo que tenía a mi alrededor y cuando digo que arroje cosas, lo hice sin consideración alguna, pues tire mi televisor por la ventana, arrogue varios puñetazos hacía mi guardarropa, lo que provoco que hiciera trizas la madera, di patadas a casi todas mis paredes, dejándolas manchadas, y entonces todos mis demonios salieron, ¡grite! como nunca a los cuatro vientos, hasta que mi garganta se desgasto demasiado y mis gritos, fueron reduciendo de volumen. Caí arrodillado, todo mi pasado me atraganto en aquel instante de locura plena y de verdad enloquecí, no sabía lo que tenía, pude haber pescado una enfermedad en el autobús aquel que tome, pero la verdad es que no lo sabía, lo que tenía claro, era que ya no podía seguir manteniendo la misma vida que sobrellevaba durante algunos años, aquel día, en esa hora, en esos precisos instantes, ante tanto resentimiento, en medio de la penumbra decidí hacer un cambio drástico ¡me había transformado! aunque el producto de que eligiera tal decisión, aparte de ser influenciado por lo que filosofe en el bus, se debiera a una locura que no sabía de donde pudo haber llegado.
Las sombras de la madrugada tomaban esa ciudad efímera en la que vivía y a la cual, yo tanto odiaba. Me encontraba yo dirigiéndome hacia mi sótano, donde tenía un revolver y ¿cómo lo conseguí? es una larga historia y prefiero no aburrir a mi lector, así que con su permiso, prosigo. Mis manos temblaban muy fuertemente, que apenas y pude quitarle el polvo a mi chica, era ¡tan bella! el problema era que no recordaba bien cómo usarla, pues tenía mucho tiempo que la use por última vez y no es que fuera, un gran pistolero del lejano oriente pero aun con esos detalles, me arme de valor, tome las balas y guarde todo en una mochila gigantesca, a la cual también le metí muchas otras cosas más, como: algunos libros, cigarrillos, ropa, mi botiquín de primeros auxilios y un whisky. ¿Cuál era mi plan? A cierta ciencia no lo sabía, quizá actúe más por impulso, empero, usaría aquel revolver en unas horas, pues tenía que acabar con las personas, que por el momento, más me llenaban de tensión y complicaban mi existencia. Había dejado pasar algunas horas, eran las seis de la mañana y el frio que yo sentía, parecía subir cada vez más, haciéndome parecer muerto. Estaba sentado sobre un sofá lleno de polvo, en el cual pase los últimos minutos, reflexionando que rutas tomar, después del atentado que deseaba realizar pero la verdad es que no sabía bien que hacer, en la universidad no preste atención a las clases de asesinato profesional, ¡Ja! ¡Ja! al parecer, aún tengo algo de humorístico. En un corto lapso de tiempo, deje todo y me aventure a un destino incierto, era la hora, al salir por la puerta de mi hogar, mire hacia atrás, con recelo, pues era la última vez, que miraba mi casa y eso me causaba, una notable tristeza, pues quizá de este viaje no sobreviviría ni siquiera los primeros días, pero imposible y horripilante era seguir como estaba, no era lo mío y probablemente para nadie, hubiera preferido morir, así que cerré la puerta, cogí valor, desde las entrañas de mi alma y partí. Tome el autobús, todos me miraban de forma extraña, pareciera que sabían lo que haría y me castigarían por ello, yo temblaba como nunca e incluso cuando intente dar la plata al chófer, se me cayó, lo que provoco una risa un tanto burlona de aquel sujeto, aun así, le extrañaba porque era que temblaba más que nadie. Me senté al lado de una chica, muy bella por cierto, ésta me miraba con un interés del todo notable. Conduje mi mirada varias veces hacía ella, sentía esa sensación de enamoramiento, en especial al notar su rostro, su mirada, su cabello… Pero deje esos pensamientos e inmediatamente me concentre en lo que tenía que hacer, el tiempo avanzaba y mis nervios aumentaban, pues sentía un horrible temor, que me cobijaba. Cuando me di cuenta, faltaba una calle para mi parada, ¡era la hora! cerré los ojos, di un gran suspiro y me dirigí a la puerta trasera, presione el botón de parada y listo, en unos segundos, estaba en frente de mi trabajo, yo miraba con cierto desconocimiento y miedo, mis ojos rojos parpadeaban mucho, mis extremidades temblaban, mi corazón latía fuertemente, y pareciera que los ánimos se me congelaron. Avance por el estacionamiento del lugar, ya que se tenía que pasar por éste, para llegar a la entrada de la empresa, había algunos autos y en aquel preciso instante, sentí a alguien caminar a mi lado, moví la cabeza a la izquierda y efectivamente, a mí lado venia alguien, este era el contador de quien soy era auxiliar, fue algo incómodo pues en aquellas horas que nos encontramos, no eran las habituales para ninguno de los dos y menos para él, que se desaparecía por semanas. ¡Maldito! En aquel instante tuve la necesidad de matarlo, de un solo tiro y pisotearlo todo el día, necesitaba descargar todo lo que me molestaba de él, me era menester el hacerlo suplicar… Pero pude contenerme, no tengo la menor idea del porqué pero pude hacerlo.
–Pero... ¿Qué haces tan temprano? Por estos lugares… -me preguntaba el joven D…
–¡Nada! ¡Nada! El jefe me pidió que llegara temprano, pues desea tener una plática conmigo, sobre no sé qué… -respondí tartamudeando.
–¡Vaya! Pareces nervioso, pobre pendejo… Seguramente ya te cargo la chingada -vulgarmente me decía.
–¡Cállate! Cualquier cosa de la que pudiera regañarme, será por tu culpa. Yo hago todo tu trabajo y tú, simplemente desapareces cuando te da la gana, si yo hago algo bien te dan el crédito, si llego a cometer errores, casi quieren despedirme.
-Es el precio de ser un lame huevos y un baboso como tú.
En ese instante casi se adueñaban de mi las ganas de lanzar contra él, un puñetazo pero pude controlar tales impulsos, no podía hacer nada en ese momento, ya que era mejor matarlo dentro de la oficina, no quería hacer un escándalo por fuera, donde cualquier ruido podría ser escuchado por algún transeúnte y la cosa se complicaría mucho, habría que ser cuidadoso, tan solo voltee la mirada y él apresuro el paso para entrar antes que yo, lo cual me facilito todo, pues entro rápidamente. No vi al policía que cuidaba el lugar, lo cual me extraño un poco así que decidí buscarlo, porque de igual manera tenía que matarlo antes de que pudiera intervenir o quizá hasta escapar y pedir refuerzos, lo cual sería fatal para mí, ya que sería el fin ¡no, no y no! eso no podía suceder. Después de buscarlo por todos lados, no vi rastro del él… Supuse que no había llegado o que se había ido, ya que según yo, también velaba las noches; igual no descarte que pudiera estar dentro de la oficina, pero eso no sería tan malo... Me dirigí a la oficina, la puerta estaba entre abierta ya que había entrado aquel estúpido, rápidamente la abrí y entre, todo estaba oscuro y tan solo la luz del fondo estaba encendida, que era precisamente la de un pasillo, donde al final estaba la habitación que compartía con el joven D… Entonces fue cuando logre escuchar unas voces, parecían susurros, camine hacia el cuarto, la puerta estaba cerrada, aquello lo note sin tener que abrir la manija ya que a simple vista se notaba, la cosa me extraño, ya que yo sabía que el señor M… llegaba los domingos hasta las 10 de la mañana y solo estaba un rato, luego se iba, el joven D… estaba desde temprano o sea 6 y media… todo me creo una gran confusión, pero al igual había yo sido tonto, ya que tenía que esperar mucho para que llegara el cabrón ese y si mataba a D… No podía estar mucho tiempo allí, aunque tenía varios planes de repuesto por cualquier complicación pudiese suscitar, al igual por si también estaba ahí, seria todo más fácil, dos pájaros de un tiro. Cuando de pronto ¡zaz! abren la puerta, la cual me golpeo y me hizo hacia atrás.
–Pero… ¿Qué diablos haces aquí Dimitri? ¿Estás escuchando mi conversación desde aquí? ¡Maldito imbécil! Boca floja de mierda -alterado gritaba el joven D…
–¡Tranquilo! Imbécil -le dije furiosamente-. En aquel instante saque el revolver que guardaba dentro de mi pantalón y lo empuje con mi pierna hacia dentro del cuarto mientras le apuntaba con el arma. –¿Qué haces Dimitri? -decía atemorizado.
–¿Qué, que hago? Solo voy a hacer algo que nunca olvidare en mi vida y que terminara con la tuya. –Pero tranquilo, no vayas hacer algo de lo que te vayas a arrepentir, la violencia no es la solución de las cosas.
–¡Cállate perro! Eres una escoria, me das lastima, eres una mierda andante, que no merece si quiera vivir. Ahora mismo me cobrare de todas las que me has hecho, si bien me he guardado todo es por muchas razones, pero ¡basta! ya no pienso seguir así y le voy hace un favor a la sociedad matando a una basura como tú ¡te lo ganaste! ahora no me pidas piedad, que de eso no hay ya en mi -le dije gritando, mientras mis pupilas se hinchaban y mis mejillas se volvían rojas -. En aquel instante observe que la persona que estaba con él no era más ni menos que su esposa sentada sobre el piso, que yacía desnuda, donde se notaba que lo que estaba haciendo era sexo oral, claro está a él.
–Aunque de eso se trataba marranos.
–No es lo que piensas, por favor recapacita…
–¡Ja, ja! No pensé que estuvieran haciendo sus necesidades cuando oí gemidos por fuera, ahora mi estimado compañero, tu esposa también morirá. ¡Qué final tan hermoso! Morir juntos ¡oh! tórtolos hasta el último momento -. Ellos me miraron con horror, estaban perplejos ante lo que pasaba, no puedo decir que no me gusto lo que sucedía, todo eso me hacía sentir una gran adrenalina, pero recapacite y me dije que los tendría que matar rápido ya que recordé que había varios automóviles fuera y no sabía de quien eran, aparte cada vez se hacía más tarde.
–Por favor déjanos vivir, no nos hagas daño -imploraban los dos.
–Lo siento ya no tengo tiempo para divertirme con ustedes, los tendré que mandar al otro mundo más rápido de lo pensaba. ¡Lastima! yo quería vengarme de todo lo que me habías hecho D… haciéndote hacer eternos tus últimos momentos de vida, sin embargo… -. En aquel instante la mujer se movió arrodillada ante mí, implorándome por su vida, fue cuando la tome del cabello con mi mano izquierda y con la otra mano, donde es que traía el revolver le dispare en el cráneo; la sangre salto sobre su esposo y sobre mí. Él miro aterrado, se había quedado paralizado, en aquel instante solo lo mire con una sonrisa sarcástica y le dispare directo al corazón.
Habiéndolos asesinado, decidí ir hacia fuera para buscar quien más había llegado y que sucedió con el policía… Llegue a la salida de mi trabajo, todo estaba en total silencio, parecía tan extraño; me nuble totalmente pues no supe que hacer, no podía esperar hasta las 10 de la mañana, no sabía si los balazos se habían podido oír, no tenía idea de nada. Volví a entrar, todo perturbado cerré las puertas y termine sentándome en un banco que estaba muy cerquita de la salida, para estar atento de cualquier novedad que se pudiese presentar, yacía con los ojos cerrados y temblaba mucho, empezaba a enloquecer poco a poco… Cuando de pronto veo y escucho que intentaban abrir la puerta, me quede boquiabierto, pero por suerte, rápidamente pude esconderme debajo de un escritorio que estaba cerca para no ser visto por quien quisiera entrar, era confuso, a la vez se me venía la idea de que podría ser la policía u otra cualquier persona que supiera que algo había pasado. Se lograban oír unas voces mientras intentaban abrir, cuando por fin lo hicieron supe en unos segundos quienes eran, ya que sus voces los delataban: uno era el señor M… y otro era el policía, estaban confundidos preguntándose cómo es que estaba cerrada la oficina, ya que solo habían dejado entre abierto mientras fueron por unos cafés… ¡Qué despreocupados! Dejar abierto un lugar como si nada, pero bueno… En aquel instante lo entendí todo, no podría ser mejor para mí, las cosas marchaban por buen camino, ellos se dirigieron hacía la habitación, mientras seguían charlando, yo tenía que ponerme en acción.
–¡Si! ¡Si! Seguramente la puerta debió cerrarse con la fuerza del viento -replicaba el señor M…
–Así debe de ser, a no ser que ya haya llegado el joven D… Aunque faltan como dos minutos para ser las 6:30, su hora de los domingos -contestaba el policía.
–Puede que sí, igual estos empleaditos no creo que se tomen la molestia de llegar antes de su horario, los muy holgazanes…
–Ni idea…
En aquel instante llegaron al cuarto pero notaron que la habitación que yo compartía con el joven D… yacía abierta, entonces supusieron que si había llegado del quien hablaban, caminaron hacía ahí para saber lo que en realidad sucedía. Se quedaron pasmados al entrar y ver los dos cuerpos ensangrentados, sus ojos palidecieron, quedaron totalmente horrorizados cuando de pronto, para su mala suerte escucharon unas pisadas justo detrás de ellos, voltearon en apenas unos segundos y me encontraron de frente, yo le apuntaba al policía con el revólver, éste apenas y entendía lo que sucedía, entonces en tan solo unos instantes, le dispare justo en el rostro, cayo lentamente y quizás tristemente, su sangre salió disparada hacia varias partes.
–¡Vaya! Tu querido guardia apenas y duro –exclame.
–Pero… ¿Qué haces? –decía asustadamente el señor M…
–Tómelo mi estimado Jefe, como una sorpresa o más bien un regalo que le brindo, bueno ya sabe, usted y solo usted es culpable de esto, me hizo venir en este día tan hermoso, parece como si fuese amanecido tan solo para asesinar personas.
–¡Qué! –confundido gritaba el señor M… -. Apenas y podía entender lo que pasaba.
–Quisiera divertirme con usted antes de que lo que envié al infierno, pero ya no tengo tiempo, si me quedo un poco más y con todos estos balazos que he dado, puede que termine en la cárcel, me quedan tan solo algunos minutos, solo recuerde que si le ha sucedido esto es porque todo en esta vida se paga y hoy, lamentablemente le ha tocado pagar. ¡Hasta nunca perro! -. Apenas y el “jefe” podía pronunciar una palabra ante mis palabras, solo cerró los ojos y recibió un balazo en el estómago, después uno en el corazón y finalmente otro en el rostro, proseguí a darles varias patadas mientras esté, se desangraba en el suelo.
Salí de la habitación y me dirigí hacía el baño, para limpiarme las manchas de sangre que me saltaron en todo el cuerpo, lo hacía de lo más tranquilo, sin importarme nada, pareciera que el matar a esas cuatro personitas me hubiera purificado, me hizo perder la rabia y me tranquilizo por el momento. Tarde como diez minutos en salir de aquel lugar, cuando me di cuenta ya iba en el ómnibus hacía la terminal de camiones que iban hacía otras ciudades, todo había salido bien hasta ese momento, me sentía muy bien, sin embargo empecé a recordar a todas las personas que aún me debían cosas, de quienes aún guardaba rencor y grandes historias, pero sabía que por el momento era mejor salir de la ciudad, pues no tardaría la policía en averiguar que era yo el culpable de todo, aún más cuando deje mi hogar como si nada; era mejor pensar para después qué hacer con esas antiguas amistades pero por el momento desaparecer, era lo más recomendable. Se me ocurrió la idea de salir hacía algún pueblo en otro estado, sería lo mejor, nadie podía sospechar que pudiera yo estar en algún lugar así, aparte de que mientras estuviera viviendo en ese lugar podría yo planear que hacer en el futuro, saber cómo cuidarme de la policía y sobre todo, saber qué hacer con esas personas que aún me debían su muerte… Eran tantas las cosas que venían a mis pensamientos, por lo que mejor decidí dejarme llevar por el camino y pensar eso hasta que estuviera en dicho lugar, aunque claro, iba atento de cualquier cosa que pudiese suceder, en especial en tal situación en la que me encontraba. Me había sumergido en una profunda siesta, todo fue tan hilarante, pues tuve un sueño digámoslo así, referente a lo que me sucedía en la “realidad” en el que yo era sorprendido por un viejo amor entregándome un pastel de cumpleaños y felicitándome por lo mismo, lo cual en aquel sueño me pareció fantástico, pues ese amor del que les cuento, era una mujer llamada Lucia (mi pareja sentimental más significativa) que me termino dejando por mi mejor amigo (Ca…) en la vida real, solo que ahí, todo parecía ser tan perfecto, es como si nunca hubiera sucedido algún problema y todo hubiera seguido su curso, sin que me traicionara y me dejara como a cualquier sabandija. Fue muy confuso, sin duda muy real, volvieron al parecer, todos esos sentimientos que hace años había dejado atrás y que en la situación que me encontraba, eran muy difíciles de aparecer, sin embargo los sentía tan vivos dentro de mi sueño y con la confusión de lo tan real que parecía, fue como si lo viviera en verdad. Una felicitación, un abrazo, un beso ¡todo un éxtasis! estaba soñando pero entonces, desperté. El camión había hecho su parada, se escuchaba el fuerte sonar del mismo, atontado mire hacia todos lados, sin duda había llegado a un pueblo que nunca antes había visitado, desconocía totalmente aquel lugar, de pronto me quede pasmado mientras todos bajaban, por suerte no tenía a nadie de mi lado, sino hubiera sido algo muy incómodo. Me tarde varios instantes en reaccionar que incluso cuando recobre la conciencia se había bajado el conductor, así que me apresure para salir y entonces me lo encontré fumando un cigarrillo, le pedí información acera del lugar para orientarme y aunque extrañado, me resolvió mis dudas, estaba en un pueblo llamado San… a dos ciudades de la mía, ésta no era muy popular puesto que olía a muerte, es decir, era un lugar en el que había muchos asesinatos, en los que la mayoría las víctimas habían sido destazadas completamente y colocadas en las carreteras con cartelones que obviamente escribían toda aquella delincuencia dirigida al narcotráfico, de cualquier modo, era un lugar olvidado por dios por decirlo así, pero más aún por el gobierno, lo cual aunque fuera una problemática de la cual preocuparse y era de gran atención en cuanto a los problemas del país, para mí en aquel momento era una gran noticia, puesto que la policía nunca se acercaba, muchas familias permanecían ocultas en sus hogares y nadie decía algo acera de alguien, era todo perfecto para mi situación.
No puedo negar que no me importaba lo poco ético que pudiese resultar esto, podríamos decir que mi moral cambio o mejor aún, simplemente me despoje de ella y me entrega a mis deseos corpulentos, que como habrá averiguado el lector, no era menos que venganzas reprimidas, pase de un estado a otro, en el que retire cualquier limite que me pudiese detener así como en un esquema de lo que es la ética. ¿Un asesinado, dos? ¿Liberación de mis verdaderas intenciones? Sin preocupación moral de lo que éstas puedan causar… ¿Ultrajar, violentar? ¿Dañar al prójimo sin culpa alguna? ¿Asumir lo que es el mal y aun así cometerlo? ¿Bajo qué criterio es el abandonar todo el sistema y tomar la decisión de hacer pagar a las personas por lo causado? ¿No es una razón propiamente moral con acciones inmorales? El hecho de obrar para castigar con una acción meramente mala a los que causaron un mal… ¿Me hace bueno o malo? ¿Mejor o peor? Todas estas preguntas me achacaban la mente pero de cualquier manera mis sentimientos se dispararon, es como si mi alma explotara, cayera y se reiniciara, al final ésta terminaba congelada, tan solo guardando dentro de mí el deseo de hacer pagar las injusticias a las que se me había sometido, crear una equivalencia sin importar el medio y solo el fin. En aquel momento no lo note y quizá no lo percibí, ni lo sentí pero de cualquier manera, el fin incluía en sí mismo, la finalidad de que al dar un equilibrio, obtuviera felicidad al saber que lo que me fue dado, sería devuelto pero… ¿No devolver la injuria que me fue abofeteada seria menos dichoso a que si me hubieran dado virtud? Eso lo entendí mucho después, cabe decir que sin duda lo contare en su momento debido pero en aquel entonces no me paso por la mente, sin duda, todo estaba incluido dentro de sí. Ante tal frialdad, como ya mencione, fue como si no me importara lo que sucediera en aquel pueblo y mucho menos la gran problemática que se experimentaba, tal solo vi el lado bueno y es que tal situación, me era completamente benéfica.
No tarde mucho en encontrar una casa con un cuarto rentable, éste parecía justo lo que necesitaba… Sin internet, oculto, barato, silencioso, solamente con lo necesario para mi propósito. Los propietarios, una pareja de la tercera edad, parecían de lo más distraídos, lo cual aún mejoro la situación, con apenas y mirarlos al rostro, negocie para quedarme una semana por la cantidad de… Todo se concilio en treinta minutos, cuando me di cuenta, ya estaba acostado en la cama, quería planear mis siguientes asesinatos, pues tenía una ligera idea de cuales serían mis siguientes victimas ¿podrá adivinar el lector cuales eran éstas? no importa, lo averiguara muy pronto, pero entonces, me decidí a descansar y dormir bien, para que el día siguiente, estuviera totalmente preparado para mis planes y por supuesto lo hiciera bien, ya que aún no deseaba ser descubierto ¡necesitaba matar a todos los que me causaron grandes males! o por lo menos, a los que más me afectaron. Esta vez no soñé nada, esto me permitió sin duda descansar profundamente, lo que me cayó de maravilla; el gran olor a café y el extremo frio me hicieron despertar, los viejitos lo estaban preparando y más tarde tocaron a mi puerta para brindarme café, yo no quería enseñar de más mi rostro pero una de mis grandes debilidades es tal bebida y el olor ¡uf! era tan penetrante y rico, que termine accediendo, aunque claro, planee una estrategia en cuestión de segundos y es que, tan pronto como les acepte la bebida, comente que yo iría a servírmela, que solo me dejaran la tasa y no se preocuparan más, sin insistencia aceptaron, así que todo estaba controlado, suspire, espere unos minutos mientras escuchaba como se preparaban para salir a comprar los víveres del día (si bien he mencionado que era un pueblo para nada seguro, pero tampoco es que vivieran como cavernícolas) y salí a servirme. El tiempo estaba encima de mí, aún tenía que matar a varias personas y yo estaba muy lejos de ellas, tenía que apurarme puesto que seguramente yo ya había empezado a ser buscado por los asesinatos que cometí, que sin duda, debieron ser de gran acontecimiento, de cualquier forma tenía que apurarme. Ya habiendo desaparecido de la escena del crimen sin que me hubieran atrapado, estando muy lejos, a sabiendas de que nadie conocía sobre mi paradero, con fuerzas nuevamente y pensado todo con la cabeza fría… Como mencione anteriormente, yo tenía una ligera idea de quienes serían mis futuras víctimas, estás serian pues, aquel “amor” con el que soñé, recordara el lector, llamada lucia y precisamente ligado a lo que sucedió en la realidad, la otra persona seria mi antiguo ex mejor amigo (Ca…). Entonces medite el plan que tomaría para ir por ellos, deje una nota que dejare a continuación:
Señores, me ha surgido un inconveniente y necesito atenderlo, por lo que me es muy necesario ir a la ciudad, por ahora dejo un par de mis cosas, para que no piensen que los he dejado y no les pagare tan siquiera la noche que me he hospedado, tratare de regresar lo más pronto posible, sin más, me retiro y nos vemos pronto. ¡Gracias!
Me termine el café, fui por mis cosas, deje lo que ya no necesitaba, me eche agua en el rostro, respire profundamente y salí. El camino no se hizo para nada lento, probablemente la emoción de saciar de nuevo mi venganza, hacía que el tiempo me transcurriera más rápido de lo normal y la adrenalina que tenía ¡no descriptible con palabras! me era completamente fluctuosa a mi obsesión. Me fui con una capucha y lo más tapado posible, lo que fuera para no ser detectado, debo admitir que mi cuerpo comenzó a temblar cuando entre a mi ciudad, no podía mirar a las personas al rostro, mucho menos a los ojos, la verdad es que un sentimiento de culpa empezaba roer mi mente ¿era acaso verdad? ¿Después de todo lo hecho me empezaba a arrepentir? ¿Haber llegado hasta donde estaba y pensar así? ¡No! ¡No! A la vez que el miedo y el arrepentimiento me rodeaban, un sentimiento de aversión iba en contra de todo ¡había logrado mucho! ¡No podría dar marcha atrás! ¡No en pensamiento, mucho menos en acciones! Así que me deje de tanta bobería y me enfoque a realizar bien, lo que tenía que hacer. Me baje del bus lo más rápido posible, prendí un cigarrillo, le di una de las fumadas quizás más increíbles de mi vida y me dirigí hacía mi objetivo, pues yo sabía exactamente dónde encontrar a mis queridas víctimas, ya que ellos aún seguían en relación ¡sí! después de traicionarme de tal manera, los descarados se casaron, tuvieron hijos, toda una vida, que hasta incluso terminaron poniendo un restaurante en el que trabajaban como cocineros, así como también lo administraban. Mi plan era ir a revisar el lugar, esperar hasta la hora de cierre y allí darles muerte, pues en tales circunstancias todo sería muy fácil, ya que no habría nada de gente, la calle estaría sola y en penumbra, solo era cuestión de evitar que provocaran escándalo, evitar que alguno de ellos se me escapara o simplemente evitar que algo saliera mal. Llegue y apenas el sol se estaba ocultando, el lugar estaba totalmente concurrido, aún era muy temprano pero lo importante es que el restaurante estaba abierto y por lo que veía desde lejos, ellos parecían estar dentro, así que solo era cuestión de esperar algunas horas, aunque yo estaba a punto de explotar, ya que eran tan grandes mis deseos por cobrar venganza, mi exaltación estaba tan enardecida que me termine fumando más de cuatro cajetillas de cigarros y aun así, no estaba tranquilo.
Entonces me encontraba dirigiéndome al restaurante, si, si… Ya era noche y todo estaba listo, todo lo que necesitaba era mi querida revolver, bien guardadita la traía dentro de mi bolsillo y navajas por cualquier cosa, casi asomándose de mi mochila. Abrí la puerta de lo más tranquilo, ellos me observaron y extrañados me hablaron.
–Ya estamos cerrando –me dijeron.
–No he venido para comer, he venido por cuentas pendientes ¿no se acuerdan de mí? -pregunte irónicamente.
–¿De qué habla señor? –¡Vamos! Mírenme bien al rostro, soy su viejo amigo Dimitri, si, al que traicionaron vilmente…
–¿Dimitri? ¡Oh! ¿Qué diablos haces aquí?
–He venido a pronunciarles la palabra de muerte -. Entonces corrí hacia Ca… saque a como pude una de mis navajas de la bolsa frontal de mi mochila y se la clave con todas mis fuerzas en su garganta, la sangre salió disparada hacia mi rostro y hacia la mesa que yacía cerca de nosotros, entonces Lucia aterrada corrió hacia la salida trasera, yo al ver esto, la seguí lo más rápido que pude, pero cuando salí ya no la encontré… Así fue, todo salió mal, entonces la locura me volvió a carcomer, todo se nublo ante mí, los sentimientos de venganza, me cobijaron y perdí completamente la cordura.
–¡Maldita sea! ¡¿En dónde estás perra traidora?! ¡¿Crees que te has salvado?! Hoy será tu última noche en este mundo, me tienes que pagar todo lo que me hiciste… ¡¿En dónde demonios te escondes?! –vociferaba con todas mis fuerzas a los 4 vientos mientras disparaba con mí revolver hacia el cielo.
En aquel momento sentí un fuerte golpe en mí pie, después sentí otro en mi estómago y por ultimo uno en mis pulmones, no pude mantener el equilibro y caí, apenas podía entender lo que sucedía pero cuando trate de pararme fui golpeado con una gran patada en el rostro, lo que me puso en el suelo nuevamente y entonces mire, vi a lo alto… Me di cuenta que el que me había propinado la patada era un policía, a su lado estaba lucia y con ellos la pareja de la tercera edad (los propietarios del cuarto que rente). ¿Qué sucedía? No comprendía nada, pero entonces me toque el pecho puesto que éste me dolía profundamente, tan solo lo sentí húmedo, mire mi mano y estaba empapada de sangre, sí, sí... Me acababa de dar cuenta que los golpes que sentí no eran más ni menos que balazos, entonces solo reí, parece que la vida me volvió a dar otra patada en el trasero y… Mirar a lucia, a la pareja de ancianos (que probablemente se había dado cuenta de quién era y me mantuvieron en vigilancia) pero ya nada de eso importaba, reí y reí, había llegado la hora de mi muerte, sin gloria, sin orgullo y sin una muerte digna, así caí.
¡Entonces desperté! Me estaba ahogando como nunca, sentía que mi vida se me iba, me pare inmediatamente de la cama y me tire hacia el suelo mientras vomitaba mi última cena… ¿Qué había sucedido? Aun en mi cuerpo estaba el roer de la muerte que me dieron, tarde minutos en concentrarme y volver en sí. ¿Qué era lo que sucedía? Me volví a preguntar, sin duda toda había sido un sueño, un gran y escalofriante sueño. Así fue mi querido lector, todo había sido una gran pesadilla, no estaba muerto ni nada parecido aunque si con la vida que tanto odiaba, pero reflexione ¿era tan mala de verdad? entonces me di cuenta de cómo eran en realidad las cosas, lo cierto es que mi vida después de todo no era muy dichosa, como ya lo he descrito, sin embargo, aquel deslumbrante sueño me dio otra perspectiva de las cosas y es que a pesar de haber podido descargar toda mi cólera y haberme vengado de las personas que me hicieron daño, no sería lo suficiente y mucho menos el camino correcto, después de todo termine muerto y ese no es el punto de la vida, aunque solo fuera un sueño. Lo único que logre fue empeorar las cosas, ya que el estatus no ético en el que me refugie iba en contra de todo sistema que pudiese resolver las cosas, puesto que la ética, definiéndola como Jaime Balmes hace en su libro Filosofía elemental es “la ciencia que tiene por objeto la naturaleza y el origen de la moralidad” y ésta es la del orden de lo que es bueno y malo. En mi situación, las cosas que hice fueron malas aunque planteara como justificación el castigar a los que provocaron algún mal, eso no quitaba lo erróneo que fue tomar tales decisiones y mucho menos las volvía buenas, ya que la moral no busca lo que cause daño y aunque mi fin fuera buscar el bien y equilibrar todas las cosas, el acto no lo era, tan solo buscaba mi facilidad de un modo egoísta, olvidando que lo que estaba cometiendo lastimaría a los demás, fuese por las razones que fuesen. De tal modo, así eran en realidad las cosas, si el camino que elegí hubiera sido realmente el correcto, todo tendría que haber acabado bien pero como no, aparte de perjudicar a las personas, me termine haciendo una mayor daño que fue el de no poder preservar mi vida, las cosas no mejoraron en lo absoluto, solo terminaron peor. También nada nos permite hacer justicia por nuestra propia mano, porque después de todo, a pesar de que todos fueron injustos conmigo, eso no me daba el derecho de vengarme y mucho menos el de equilibrar las cosas, aparte de que es mejor ser mutuo en cuanto sentimientos de felicidad, que a eso, como ya antes lo había planteado en pregunta. Antes de cualquier cosa y aunque todo se nos presente de tal modo, no hay que olvidarnos de nuestro deber ético, pero sobre todo de preservar nuestra vida, así como aguantar y no desistir, así como también esperar a dar un bien sin retribución porque al final, sea tarde o temprano, así está determinado el mundo, ya sea en una pesadilla, un sueño o en la realidad misma.
Por mi parte, comprendí todo en aquel momento, un gran sentimiento de calma acaricio mi alma, el sol salía y entraba por mi ventana, el silencio se volvió una tonada hermosa, se erizaron mis cabellos, el tiempo se suspendió, lo bello que ya ni notaba se encendió a su máximo esplendor, mi mirada dejo de ser cabizbaja y brillo tenazmente, felicidad es lo que emanaba… Entonces fue cuando salí irradiado de esperanza, a sabiendas de que no importaba como estaba la situación, todo era cuestión de preservarme y no desistir, de tener esperanza en la justicia del mundo, en hacer lo propiamente bueno, no para recibir algo a cambio, sino para mi plena felicidad y de seguir adelante hasta llegar a la victoria. ¡Este era yo! ¡Si! ¡Dimitri K...!




